¿Qué Padre?

.último párrafo, de la última carta que le escribí a mi padre.-
……………………………………..
<<….Hoy te vas, puntual;
y me quedo con tu valiosa herencia…
Tu estoicismo, tu grandeza espiritual,
tu inusual inteligencia,
!Sarcástico incomparable!,
tu envidiable afición por la lectura y el mal vino,
tu independencia, tu soledad,
¡Simpleza de ser tú!,
Pero lo mejor es que, cuando partiste,
te quedaste conmigo Querido Viejo,-
…………………….
Se despide un niño dormido, oculto,
el de la mansión solitaria,
de la sonrisa triste, el niño del laberinto…
un poema dormido… tranquilo>>.
Adios.
Jesús VAca-Cortés

Falsa evidencia.

Debemos ser críticos y reflexivos, reflexivos y críticos; conocer las fuentes, determinar su posición, su capacidad para argumentar con autoridad, y no considerar como indiscutible un tópico, una proposición banal, no fundamentada, aunque justificada de entrada por su aparente evidencia; evidencia que, de hecho, procede desde la desconfianza, de los prejuicios, de falacias o de la ausencia de pensamiento racional.

Feminidades violentas.

Si la categoría “Mujer” expresa un proceso bioevolutivo, entonces, será incorrecto decir o escribir “mujeres violentas”, puesto que la violencia no es un proceso bioevolutivo ni una manifestación de la bioevolución, sino resultado de la tecnoevolución. Prefiérase mejor, escribir o expresarse sobre “feminidades violentas”.

Ateo católico

Soy un ateo católico.
Explico. Para comenzar me llamo Jesús, mi segundo nombre está vinculado a un Santo nacido en Bolonia durante la segunda mitad del Siglo VII. Acudí a una escuela primaria que coordinaban monjas maristas (Colegio “Los Ángeles”); por méritos académicos, eso dijo la Madre Superiora[1], me llevaron en su momento a cantar “Amigo” de Roberto Carlos al Colegio Miguel Ángel; a regañadientes celebro la navidad, pero gustoso departo el día de mi cumpleaños o falto a ciertas actividades laborales el 12 de diciembre, estoy bautizado, me casé con una mujer que profesa la religión católica, mi hija también fue bautizada en el templo de Santiago Tlatelolco en una ancestral bella pila de piedra donde se puede leer: -“Aquí fue bautizado Juan Diego[2].
En casa, mi esposa ha colgado un portallaves en forma de crucifijo que nos regalaron unos amigos de Mérida y cuando amablemente me lo solicitan, les acompaño a misa. En su momento, durante mi estancia en el Colegio Los Ángeles, fui a retiros espirituales -cualquier cosa que ello signifique- y una tía, previendo que mi alma atea se vaya derechito y sin escalas hacia el segundo círculo del infierno, todos los días me manda por whatsapp, bendiciones, piolines y más bendiciones y muchos más piolines.
Soy un ateo católico, generador de preguntas incómodas para las madres de mi colegio y que obtenían siempre respuestas como: -¡Porque así es y se calla!; -¡Eso no se pregunta!, -¿De dónde se le ocurren tantas tarugadas?, -¡Si sigue así, arderá sin duda en el infierno! –[3]
Ello me llevo a tener desacuerdos con la religión y sus estructuras. Aclaro, me refiero solamente a la religión mexicana, católica, mayoritaria. Por eso, a los 10 años decidí que iba a ser ateo y a asumir el destino como una obra personal y no como trabajo de manos desconocidas que obran, diseñan, o hacen que uno crea que es una marioneta lanzada a la deriva por el mar tormentoso del incierto destino o, mejor, por la tormentosa voluntad de dios.  Los libros me llevaron a revisar autores rusos que escribían sobre el catolicismo, la biblia: “El libro del buen horror”, que escribió mi profesor universitario Germán Gómez, “Mentiras fundamentales de la iglesia Católica” de Pepe Rodríguez, “Manual del buen ateo” (Jorge Volpi), muchos libros del divino Marqués de Sade, la misma Biblia, repleta de contradicciones y sinsentidos –“Yo no he venido a traer la paz, he venido a traer la espada… a poner a la hija contra su madre y al hijo contra su padre” (Mateo, 10:34 -citas de memoria-).
Un libro… una antología de cuentos, que describen a un dios vengativo, malvado, incongruente. Se suma una iglesia que pregona el amor por los pobres desde castillos bañados de oro, que promulga el amor al prójimo -sobre todo si se trata de niñas y niños- el engaño, la hipocresía, el opio de quienes no quieren opio.
En muchas ocasiones el prejuicio religioso de una naturaleza depravada por el pecado original, sirve de coartada de pesimistas diagnósticos sobre acontecimientos diarios recogidos por los medios de información.
Después del holocausto nazi los ataques contra las torres gemelas en Nueva York se encargaron de evidenciar que un cambio en la posición de fuerza puede convertir fácilmente a las víctimas en verdugos y todo “gracias a dios”.
Hasta aquí mi testimonio. (JVC).
[1] ¿Habrá alguien que no tenga “méritos académicos” en segundo de primaria?
[2] Desconozco si realmente existió el tal Juan Diego, o solamente fue otra ocurrencia para mantener a raya e ingresar a las filas del catolicismo a los, según los colonizadores, idólatras, rebeldes, mugrosos, desalmados e ignorantes indígenas de antaño y hogaño.
[3] Ahora caigo en cuenta que, tal vez, en alguna ocasión mi tía, la de las bendiciones fue por mi al colegio y escuchó tan profética amenaza, lo cual explica las legiones de piolines que a diario recibo.

Ojos nuevos.

° ¿Se puede cambiar el pasado? –
Preguntó Jessi-
Si, Claro – Respondí, con aparente seguridad-
° ¿Cómo puede ser eso? – cuestionó otra vez-
Mira, el pasado es como un buen libro que ya leíste.
¿Tienes algún libro favorito querida Jessi?..
° Si,
Camina hacia él, vuelve a leerlo,
Mañana verás como ese mismo libro
ante tu nueva reflexión ha cambiado.
Así ocurre con el tiempo pasado.
Las historias cambian cuando las miras con ojos limpios,
con ojos nuevos
                                   [Para JVG]
                                                                   — (JVC)