Tecnoincredulidad. (Por: Jesús Vaca-Cortés)

Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.  Umberto Eco (en La Stampa)

 “La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior.El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.  Umberto Eco (en ABC)

 Desde hace casi tres décadas, con intención vivimos en una transformada y transformante comunidad cuasiglobal que, en ocasiones, deja difusas las diferencias entre lo humano, lo real, lo artificial, lo virtual. El potencial de las nuevas tecnologías en la esfera sociopolítica es múltiple, positivo y negativo su actualización y uso dependerá de las sociedades y, sobre todo de las personas que conforman dichas sociedades, demostrando una actitud crítica, responsable. Asistimos al surgimiento de nuevas disciplinas, revoluciones tecnológicas, estudios digitales, anglicismos, neologismos, barbarismos como: mutabilidad, portabilidad, cibercultura, narrativa ciberpunk, realidad virtual, virtualidad real, hackers (de sombrero blanco o negro), script kiddies, hacktivistas, lammers, ciberespacio, ciborg, ciborgizado/a, domótica, viajeros virtuales, ciberdelincuencia, copy left… En fin, palabras y símbolos a los que debemos acoplarnos y acostumbrarnos sino deseamos ser tachados de analfabetas cibernéticos o funcionales por los nativos digitales y uno que otro sobrino irrespetuoso. Igualmente, debemos ser analíticos al respecto de:

1.- La relación entre las nuevas y no tan nuevas tecnologías y la categoría de realidad virtual, virtualidad ¿Puede ser algo, algo que no es?

2.- Los cuestionamientos al respecto de la condición poshumana, la transhumanidad y los ciborgs, esos hermafroditas tecnológicos, expresiones de cualquier entidad que incluya un aumento tecnológico del cuerpo humano, supongo como el caso del atleta -y homicida- Oscar Carl Pistorius, actualmente con 32 años. Para algunos autores, ahora nuestra memoria se vuelve cada vez más externa, al no tener que realizar mayor esfuerzo para almacenar todo en dispositivos físicos o en “la nube” (Dropbox, Icloud, OneDrive, etc.) Y, t-o-d-o significa películas, libros electrónicos, videos, millones de selfies, memes, bobadas, archivos y carpetas de toda índole.

3.- La multi-identidad que se expresa dependiendo de la red social a la que se ingrese, de los canales de YouTube, del número de cervezas ingeridas o hasta de la hora en que uno tiene a bien encender su ordenador.

4-. Los impactos económicos de TICS (tecnologías de la información y la comunicación) y TACS (tecnologías para el aprendizaje y el conocimiento), por ejemplo el costo de los ordenadores, de un Smart-phone, que además, para estar “en la onda” (mmm… Creo que ya no se dice así.. Ah sí,  para ser cool, hay que cambiarlo cada cuatro meses, mismo tiempo que habrá uno que amarrarse, bien amarraditas, las tripas), pero al mismo tiempo los ahorros, por ejemplo en fotocopias, envíos por correo postal o el acudir a un diplomado en Canadá o Finlandia lo que ahora se puede realizar desde la comodidad del hogar.

5.- El nuevo dominio del capitalismo y la falsa idea de libertad, la tendencia hacia una moneda universal (bitcoin) y también a un idioma universal; el inglés, a pesar de ocupar el tercer lugar en el orden de número de hablantes en el orbe (En secuencia tenemos que los primeros cinco son: chino, español, inglés, hindi y árabe).

6.- Otras cualidades: a).- el don de la ubicuidad, es decir, la capacidad de estar en todas y en ninguna parte al mismo tiempo, b).- la sensación de sentirnos activistas, revolucionarios, terroristas o guerrilleros, al darle “like” a lo que se valora como una buena causa, ya sea para que no se siga talando la selva del Amazonas o para rescatar a un gatito atorado en el techo de una farmacia, c).- los cinco minutos de fama virulenta que incluye bajarse del auto en marcha y contonearse como estúpidos/as, romperse el cráneo al saltar desde un edificio de 5 pisos disfrazados de Thor o la capitana Marvel, o al estrellarle un huevo en la cabeza a una anciana que está en silla de ruedas, d).- teléfonos y casas inteligentes, muchas con un C.I. superior al de sus propietarios, e).- tener 3,418 followers, aunque no sepamos ni quiénes son (lo que incluye pederastas, secuestradores y psicópatas de toda índole), f).- acceso a libros, librerías, museos, parques que ni en toda la vida se iban a poder recorrer a patín, g).- plagios de todo tipo, h).- sexo y matrimonios virtuales… La lista puede seguir pero aquí le dejo y cierro con un párrafo de Fernández Utrera (2006, págs. 24-25, quien a su vez cita a Jenkins y Thornburn, 64, 72, 93, 59-65, 102, 332-36 y a Molinuevo 219):

“En función de ello, el balance, en general es para los tecnófobos negativo: la mayor parte de los rasgos que caracterizan a las nuevas tecnologías no parecen favorecer la democracia. Los ciudadanos, para empezar, se han convertido en consumidores. La inmediatez y la velocidad no facilitan la reflexión y la pausa; la abundancia – saturación – y desorganización caótica en que se presenta la información hace difícil el darle sentido; además, más información no implica necesariamente que los ciudadanos estén más informados ni que exista mayor comunicación; el conocimiento colectivo no supone acción colectiva o negociación colectiva y organizada; el aislamiento de los individuos puede ser el primer paso para el control de los mismos, y además impide la creación de objetivos comunes y la deliberación conjunta; de hecho, la tendencia es a que se creen grupos fragmentados a nivel local, comunidades parciales y fluctuantes; lo privado termina por tener mayor importancia en los asuntos públicos y se pierde de vista la importancia de ciertos temas para el futuro de la nación; se fomenta la creación de perspectivas aisladas y opuestas; la interacción virtual, además suele ser trivial y agresiva; y, finalmente, la importancia de las imágenes no favorece la argumentación tanto como la retórica manipuladora de forma más inmediata”.

Si me dan a escoger no me declaro tecnófobo, tecnoutópico, ni tecnófilo, más bien tecnoincrédulo y me quedo con las frases que Don Umberto Eco, expresó ante los diarios La Stampa y ABC y que encabezan estas líneas.

Trabajos citados

Fernández Utrera, M. S. (2006). Ciberculturas, hispanismos y tecnología digital en el nuevo milenio. Revista canadiense de estudios hispánicos, 3-28.

Jenkins, H., & Thornburn, D. (2003). Democracy and new media. Cambridge: MIT P.

Molinuevo, J. L. (2004). Humanismo y nuevas tecnologías. Madrid: Alianza.

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